El buen convivir viene a representar la síntesis de la paz y la reconciliación. La paz no es la simple ausencia de conflicto, ni la reconciliación es un acto administrativo. Más bien se trata de construir condiciones sociales, económicas, políticas y culturales que permitan el buen convivir entre las personas y con los seres vivos del planeta.

 

El planeta tiene dos grandes crisis, la crisis social, reflejanda en la pérdida de habilidades para convivir, y la crisis ecológica, reflejada en el calentamiento global. El Papa Francisco señala que se trata de una sola crisis que podemos llamar socioambiental, y que tiene en sus raíces una crisis ética o espiritual, es decir, un proceso de desconexión de las personas con su entorno.

 

En este sentido, el buen convivir aparece como una categoría que responde a la necesidad primaria de sobrevivencia del ser humano, ya no como un anhelo de estar mejor socialmente. Además, pone como categoría de evaluación de nuestras aspiraciones y opciones de vida, la convivencia.

 

El buen convivir retoma lo mejor de los pueblos indígenas y lo mejor de la cultura occidental, para construir una nueva síntesis que permita vivir en armonía. Una armonía resultado de un proceso de sanación comunitaria y un proceso de construcción de acuerdos sociales que lleven a una nueva institucionalidad.